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VALLADOLID CIUDAD HEROICA

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EXPOSICIÓN VALLADOLID CIUDAD HERÓICA
Un saludo a los lectores:
La intención de este artículo es recordar las imágenes y los acontecimientos que fueron expuestos de una forma brillante en la exposición VALLADOLID CIUDAD HERÓICA DURANTE EL BIENIO PROGRESISTA realizada en el Archivo Municipal (antiguo San Benito el Real) durante los meses de enero a junio del año 2015; exposición que intentó recrear la vida de la ciudad hace 160 años, coincidiendo con el origen del Diario El Avisador, primogénito del El Norte de Castilla.
La exposición estructurada en seis capítulos históricos, expuso un total de 66 documentos históricos que reflejaron la honda transformación de aquella ciudad de provincias llamada a ser la avanzadilla de la revolución que alumbraría el Bienio Progresista: fotografías, cuadros, litografías, expedientes, planos, periódicos y otra documentación; gran parte de ella inédita, que permite recrear aquel “Valladolid heroico” que facilitó la llegada al poder del general Espartero. «No se trata de contemplar el Bienio Progresista desde un punto de vista global –aclara Pedruelo–, pues casi todos los fondos proceden del Archivo Municipal y de fuentes hemerográficas, como el Boletín de la Provincia o ‘El Avisador’. Pero sí se plasman los cambios más relevantes que acontecen en la ciudad, sobre los que dichas fuentes aportan valiosos testimonios».
VALLADOLID CIUDAD HEROICA
La exposición reflejó (en pasado) los cambios sociales, políticos y económicos que auspicia el reinado de Isabel II, incluida la consolidación del régimen liberal, así como los aspectos más importantes de la administración y el gobierno municipal de aquellos años, una vez materializado el alzamiento contra el gobierno del Conde de San Luis, que permitió la subida al poder del general Espartero; así lo refleja, por ejemplo, el Acta de la reunión del Ayuntamiento de 15 de julio de 1854. De hecho, el protagonismo de Valladolid en dichos acontecimientos le valió el título de ‘Ciudad Heroica’, como muestra la Real Orden fechada el 14 de agosto de ese mismo año, otra de las piezas de la exposición.
La ciudad desempeñó igualmente un importante papel en los virulentos ‘Motines del Pan’, iniciados en junio de 1856 a raíz del enfrentamiento de una panadera con su clienta, apodada ‘La Madrileña’, como demuestra la Declaración del estado de guerra, el día 22 del año 1856, por parte del capitán general de Castilla la Vieja, Joaquín Armero y Peñaranda. Cuatro meses más tarde, el general O’Donnell protagonizaba un contragolpe contra el general Espartero y entregaba el gobierno al conservador Ramón Narváez, apodado el ‘Espadón de Loja’, dando comienzo así al gobierno de la Unión Liberal.
LA EXPOSICIÓN
La gran riqueza de esta exposición es la de conocer la estructura y ambiente social de Valladolid en los años 1854 y los posteriores cambios acontecidos hasta el Valladolid del siglo XXI que hoy conocemos.

 TAGS:undefinedImagen. Valladolid á vol d’oiseau es la litografía de Alfred Guesdon, arquitecto y pintor francés (Nante 1808-1879) que coleccionó una serie de vistas topográficas de ciudades de España en la primavera de 1984. En esta litografía realizada desde el vuelo de un globo aerostático la ciudad de Valladolid aparece con la puerta del Carmen (Calle Santiago- Plaza Zorrilla), flanqueada por los conventos (Valladolid ciudad de conventos) del Espíritu santo y Carmen Descalzo (desaparecidos), el puente Mayor, único puente , las inmediaciones del futuro Campo Grande y el barrio de San Andres.
ISABEL II EL REINADO QUE MODERNIZÓ ESPAÑA

El avance tecnológico de la fotografía en el periodo isabelino, desde su aparición en 1839, documenta los cambios que llevaron, en la segunda mitad del siglo XIX, a la modernización de España. En la infancia de la Reina Isabel aparece un nuevo género de fotografía de obras públicas centrando las imágenes de las obras realizadas y que sirve de propaganda al servicio del poder empleado en las distintas exposiciones universales para mostrar al resto de países el desarrollo de las infraestructuras de España.
ANTECEDENTES AL PERIODO ISABELINO

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A  la muerte de Fernando VII acontece la Primera Guerra Carlista o Guerra de los Siete Años; una guerra civil que se desarrolló en España entre 1833 y 1840 entre los carlistas, partidarios del infante Carlos María Isidro de Borbón y de un régimen absolutista, y los isabelinos, defensores de Isabel II y de la regente María Cristina de Borbón, cuyo gobierno fue originalmente absolutista moderado y acabó convirtiéndose en liberal para obtener el apoyo popular.El general Espartero (Duque de la Victoria) apoyó la causa de Isabel II y de la regente María Cristina de Borbón frente al hermano del difunto rey Fernando, Carlos María Isidro convirtiéndose en regente de España hasta la mayoría de edad de la reina Isabel II ((Madrid, 10 de octubre de 1830-París, 9 de abril de 1904), fue reina de España entre 1833 y 1868, gracias a la derogación del Reglamento de sucesión de 1713.

Joaquín Baldomero Fernández-Espartero Álvarez de Toro (Granátula de Calatrava, Ciudad Real, 27 de febrero de 1793 – Logroño, 8 de enero de 1879) fue un general español que ostentó los títulos de príncipe de Vergara, duque de la Victoria, duque de Morella, conde de Luchana y vizconde de Banderas, todos ellos en recompensa por su labor en el campo de batalla, en especial en la Primera Guerra Carlista, donde su dirección del ejército isabelino o cristino fue de vital importancia para la victoria final. Además, ejerció el cargo de virrey de Navarra (1836). Su padre había encauzado su formación para un destino eclesiástico, pero la guerra de la Independencia lo arrastró desde muy joven al frente de batalla, que no abandonó hasta veinticinco años después. Combatiente en tres de los cuatro conflictos más importantes de España en el siglo XIX, fue soldado en la guerra contra la invasión francesa, oficial durante la guerra de independencia del Perú y general en jefe en la ya mencionada primera guerra carlista. Vivió en Cádiz el nacimiento del liberalismo español, senda que no abandonaría jamás. Hombre extremadamente duro en el trato, valoraba la lealtad de sus compañeros de armas —término que no gustaba de oír los demás generales— tanto como la eficacia. Combatió en primera línea, fue herido en ocho ocasiones y su carácter altivo y exigente lo llevó a cometer excesos, en ocasiones muy sangrientos, en la disciplina militar. Convencido de que su destino era gobernar a los españoles, fue por dos veces presidente del Consejo de Ministros y llegó a la Jefatura del Estado como regente durante la minoría de edad de Isabel II. Ha sido el único militar español con tratamiento de Alteza Real y, a pesar de todas sus contradicciones, supo pasar desapercibido los últimos veintiocho años. Rechazó la Corona de España y fue tratado como una leyenda desde bien joven.
FRASES:
La Patria cuenta con vuestros esfuerzos, con vuestras virtudes, con vuestra sabiduría, para que hagáis leyes que afiancen sus derechos y destruyan los abusos que se han introducido en el gobierno del Estado. Hacedlas; que la Reina tendrá una gran satisfacción en aceptarlas, y la Nación en obedecerlas… En cuanto a mí, señores, yo las obedeceré siempre, porque siempre he querido que se cumpla la voluntad nacional, y porque estoy convencido de que sin la obediencia a las leyes, la libertad es imposible.
Baldomero Espartero en la sesión de las Cortes constituyentes del 28 de noviembre de 1854
LOS MOTINES DEL PAN
En 1854 una epidemia del cólera había azotado el norte de Castilla, dejando diezmada la población de pueblos y aldeas, provocando la falta de mano de obra para las cosechas. En Febrero de 1856 terminó la Guerra de Crimea (península del mar Negro que fue el granero de cereal de Europa), lo que provocó la caída del precio del trigo y la cosecha de ese año fue muy mala, lo que hizo subir los precios de los alimentos y en especial el del pan. Como consecuencia, mientras unos se enriquecían usando el mercado de la importación otros pasaban hambre, aumentó el número de mendigos y se reprodujo la epidemia del cólera. El descontento en las clases más desfavorecidas de Castilla era enorme, debido a lo que se denominó “cuestión de subsistencia”, que comprendía las elevadas tasas, la subida de impuestos, la carestía de los alimentos básicos y sobre todo los altos precios del pan, que él pueblo atribuía a la especulación de las fábricas de harina y almacenes de trigo, situados en Valladolid, alrededor del Canal de Castilla y su derrame. Esta situación provocó la salida a la calle del pueblo de Valladolid. Aunque el primer lugar en alzarse fue Benavente, siendo seguido por los distintos municipios hasta el motín popular de Valladolid el 22 de junio de 1856.
Para frenar el descontento de los pucelanos el Ayuntamiento intentó frenar el enfrentamiento bajando el precio del pan, pero esa mañana, la cantidad que se puso a la venta no fue suficiente para atender a todos los que querían comprar y las panaderas encarecieron el precio del pan. Según dicen, esto provocó unas disputa entre una vendedora y una clienta, a la que llamaban “la Madrileña”, se formó un tumulto y alrededor de doscientas mujeres iniciaron una protesta reclamando la bajada de precios en los alimentos básicos y la anulación de las aduanas de entrada de la ciudad, para eliminar las tasas de las mercancías.
En algarabía se dirigieron hacia el Ayuntamiento, incrementándose el número de personas a medida que avanzaban, hasta convertirse en un motín. Asaltaron las casas de los empresarios harineros de la ciudad y se fueron hacia el Canal Castilla, donde se encontraban las grandes harineras de la ciudad. El Gobernador Civil fue herido con arma blanca, apedreado y arrojado al Canal, tres fábricas de harina y dos grandes almacenes fueron incendiadas y destruidas y otras empresas sufrieron diversos daños.
Cuentan que los amotinados cantaban por las calles:
«Ya llegó el feliz momento de que la tortilla se vuelva,
que los pobres coman pan y los ricos coman mierda»
Los disturbios se propagaron a Palencia, Medina de Rioseco, Burgos, Benavente y Salamanca. Los motines del Pan se saldaron con cientos de detenidos, que fueron juzgados y ejecutados por tribunales militares. Oficialmente, 21 personas fueron ejecutadas y otras 61 fallecieron en las cárceles, aunque se cree que fueron muchos más, ya que los muertos no se inscribieron en los registros. La Plaza Mayor de Valladolid se convirtió en un cuartel militar lleno de hombres y maquinaria bélica dispuesta a que no se repitieran hechos similares. Toda Europa quedó conmocionada con los fusilamientos sumarios de hombres y mujeres en Valladolid y Palencia. Fueron los sucesos más sangrientos ocurridos en España, desde las Guerras Carlistas hasta la Guerra Civil. Otra de las muchas historias del pueblo de Valladolid que han quedado en el olvido.
La realidad, es que estos disturbios fueron menores en relación al periodo convulso que atravesaba toda España en la llamada Revolución de 1854 hasta el golpe de Estado del general O’Donnell, Serrano y prim, militares de prestigio además de líderes políticos que inician su fama en la Revolución de 1854 también conocida con el nombre de Vicalvarada (por haberse iniciado con el enfrentamiento entre las tropas sublevadas al mando del general Leopoldo O'Donnell y las tropas gubernamentales en las cercanías del pueblo madrileño de Vicálvaro). La Revolución fue un pronunciamiento militar seguido de una insurrección popular en toda España, que se produjo entre el 28 de junio y el 28 de julio de 1854 durante el reinado de Isabel II. Se puso fin así a la década moderada (1844-1854) y se dio paso al bienio progresista (1854-1856). La conflictividad social que se vivió en los primeros meses de 1856 -motines de subsistencias en Castilla, huelgas en Cataluña, motines de quintas en Valencia- fue aprovechada por el general O'Donnell, alentado por el general Serrano, para hacer un discurso catastrofista en las Cortes que estaba destinado a acabar con el gobierno progresista del general Baldomero Espartero en el que él era ministro de la Guerra, y que estaba en el poder desde el inicio del bienio progresista (1854-1856).
Como en los desórdenes habían participado miembros de la Milicia Nacional, O'Donnell planteó en el seno del gobierno su desarme y que la represión corriera a cargo del Ejército. A principios de julio de 1856 el ministro de la Gobernación Patricio de Escosura viajó a Valladolid para juzgar sobre el terreno la situación de crisis social que allí se vivía y la actuación de las autoridades para reprimir el descontento. Cuando volvió a Madrid el 9 de julio informó al general Espartero de que los militares estaban recurriendo a medidas extremas en la represión sometiendo a civiles a consejos de guerra y ejecutándolos de forma sumarísima inmediatamente, por lo que le propuso al presidente Espartero que destituyera a O'Donnell que como ministro de la Guerra, por ser el responsable último -si no el instigador- de las mismas. Patricio Escosura también le advirtió a Espartero, sin que éste le hiciera caso, de que O'Donnell y Serrano conspiraban contra él y de que estaba convencido que detrás de los motines de subsistencias de Castilla estaban los moderados. El 2 de septiembre de 1856 declaraba cerradas definitivamente por Real Decreto las Cortes Constituyentes, cuando aún no se había proclamado la Constitución. Finalmente, por otro Real Decreto, se restablecía la Constitución de 1845 modificada con un Acta Adicional que liberalizaba su contenido. Fue el final del bienio progresista…
EL TREN LLEGA A VALLADOLID
El ferrocarril tendrá el protagonismo de desarrollo industrial y comercial la ciudad de Valladolid. Dos son las líneas ferroviarias de los intereses vallisoletanos: la línea de Alar del rey con Santader que conectaba el Canal de Castilla no concluida hasta 1866 y la línea de Madrid-Irún que convierte a los talleres de Valladolid en el nudo ferroviario más importante del país. El tren llega a Valladolid en 1856 por la entrada principal de la ciudad, el camino de Madrid, por el Parque del Campo Grande. En esos terrenos propiedad del Ayuntamiento de Valladolid y que habían pertenecido al desaparecido Convento de San José, se construyó un edificio de viajeros provisional, de madera y de reducidas dimensiones junto con los talleres generales, que constituyó la primera gran industria de la ciudad.
Más información
http://vallisoletvm.blogspot.com.es/search/label/-Ferrocarril

LA INDUSTRIA EN VALLADOLID
La industria en Valladolid tuvo en el segundo tercio del siglo XIX una dimensión importante. Los indicadores del consumo del carbón, número de máquinas de vapor, volumen de correo comercial, talleres ferroviarios, maquinaria harinera nos demuestran una posición importante en el liderazgo industrial en el interior de la península. Los dos enclaves industriales en la ciudad de Valladolid son el Canal de Castilla y las proximidades a los talleres ferroviarios.
El sector harinero es el más importante desde el punto de vista económico para la ciudad. La industria textil es el segundo sector, pues los paños y las estameñas de la tradicional industria lanera vallisoletana consigue atravesar y subsistir a la gran crisis que atraviesa España gracias a empresarios como Mariano Fernández Lara situada su industria en la calle Alfareros (actual Claudio Moyano), instalaciones con máquinas propias de fabricación belga y con más de dos cientos empleados. Es en esta segunda mitad del siglo XIX, en los años del Bienio, cuando Valladolid registra un fabuloso incremento de población censando desde los 21000 habitantes del año 1848, hasta los 46.625 habitantes del año 1864, registrando la inundación del Esgueva en el año 1855 que no logra detener este aumento demográfico.

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