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Peñas arriba.

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Antes de comenzar esta sipnosis, estoy realizando una selección de poesías a favor de la paz y contra la violencia de género. Mandar vuestras poesías o fragmentos copiados, originales o no a esta dirección http://blogs.nortecastilla.es/jjdanwcer/posts pegarlas como comentarios y espero poder crear un blog con ellas. Gracias y un saludo.

PEÑAS ARRIBA

José María de Pereda

 <<A la santa memoria de mi hijo Juan Manuel. Hacia el último tercio del borrador de este libro, hay una cruz y una fecha entre dos palabras de una cuartilla. Para la ordinaria curiosidad de los hombres... mientras voy subiendo la agria pendiente de mi calvario y diciéndome, con el poeta sublime de los grandes infortunios de la vida, cada vez que vacila mi paso o los alientos me faltan: Dominus dedit; Dominus abstulit. Sicut Domino placuit, ita factum est  (Job 1, 20- 22) (El Señor lo dio; El Señor lo ha quitado. Sea su nombre bendito>>

 Así en esta manera de acatamiento y aviso para los lectores, intentando soportar el infortunio por la pérdida de su hijo, se inicia una novela acogedora para el lector. Una novela realista y costumbrista de técnica de memoria  con un punto de vista crítico a esa huida característica de los hombres y mujeres de sus raíces y costumbres natales. Peñas arriba es una novela naturalista donde las descripciones de paisajes son de un realismo asombroso; nunca están idealizados a semejanza de la novela pastoril y sirven: sus personajes llanos y cargados de penas y tradiciones, los paisajes y el mismo aire de las tormentas, para declinar su desenlace desde el entorno regionalista hacia el tema romántico y de tesis. No encontramos en su lectura una narración alegórica característica de la novela sentimental; no hay narraciones interrumpidas; ni mitología clásica; ni la conclusión dramatizada de la novela pastoril. En el personaje principal (Marcelo) la valentía y el heroísmo sirven con su ausencia, para presentarse ante el lector como un ser desarraigado de su origen; un hombre que se encuentra disfrutando de la modernidad y el anonimato que representa al transeúnte de la urbe en sus placeres sedentarios, seres ávidos por mantener una vida social, simple y recatada.

 Cuando Marcelo, joven adinerado y viajero es llamado por su tío Celso en Tablanca, lugar duro y rural del paisaje montañés donde los adelantos y avances técnicos conocidos por él están aún por llegar, aquel inmenso y empinado paisaje, sus escasos valles, el valor de las palabras, el sellado de acuerdos durante años con una afirmación y una negación, sus escarzados picos y su sublime grandeza, pareciéndole al joven las crestas y huecos de una hoja de acero cortando su libertad de trotamundos y hombre ilustrado. En esta clasificación de caracteres, tipos, símbolos, personajes y ambientes Marcelo descubre la <<minidad>> frente a la lenidad de la obra creada en la Naturaleza por un Arquitecto que coloca, distribuye y modela los actos y existencia de cada ser vivo en su sitio; en este escenario y época, en esta atmósfera limpia y fresca que envuelve a los personajes es donde Marcelo conoce  la dureza, el ímpetu, el realismo y el disfrute de aquellos que forman su nuevo mundo, un aislamiento que en un principio aparece en el animo de Marcelo como una prisión y que gracias a la vivencia y peripecias de las personas con las que convive, se convierte en un calvario llevadero e incluso festivo. Y el hombre busca su lugar y momento social; lo bárbaro, lo abrupto, las grisáceas figuras de Tona, Facia, Pepazos y Chisco; el romántico medico Neluco; el taciturno y sencillote Don Pedro Nolasco; el despiste salmonero del cura Don Sebas, los modales rayando la dureza de Mari Pepa y Lituca; la lucha del ser vivo contra la nieve; la unión de los vecinos para salvar y socorrer a sus semejantes, se trasforman a los ojos de Marcelo en la forma de sobrellevar sus pasiones y sus deleites en una vida para ellos perfecta, la perfección de un mundo único al que pertenecen; y el aire montañés sirve para endurecer los gestos; y la muerte sirve para que descanse el que ha servido a sus vecinos y sea recordado por sus amigos y familiares. Con la muerte de su tío Celso, un icono de justicia en aquel lugar, un hombre honesto querido y respetado, amigable y centro de caridad, rectitud y justicia en la comarca de Tablanca el hombre ilustrado debe elegir: y en la sencillez de los que ahora forman parte de Marcelo y que por afinidad y cariño Marcelo ha entrado en la esfera de la vida de los aldeanos de Tablanca, un deseo surge en sus corazones: El rey ha  muerto. ¡Viva el Rey!   

 El hombre pertenece a Dios y los actos de los hombres pertenecen a sus semejantes; esta es la grandeza que no entiende Marcelo cuando intenta abandonar la promesa realizada a su tío...  <<Si se tratara, verbigracia (ejemplo), de cortar camisas para los pobres o de enseñar la doctrina a los muchachos, yo me pararía los días enteros manejando las tijeras o injiriendo el Padre Astete en las cabezas de estos motilones; pero no se trata de eso o de cosa parecida: la obra de mi tío no da que hacer a cada instante o a cada hora>>

Hay un momento en el cual el escritor llega al estado de tesis romántico: <<me acordaba del dicho de Neluco (la risa del conejo) y me preguntaba a mí propio: ¿quién soy yo, qué represento, qué papel hago, qué pito toco en medio de estas masas de gente? ¿Para qué demonios sirven en el mundo los hombres que, como yo, se han pasado los días como las bestias libres, sin otra preocupación que regalarse el cuerpo? ¿Quién los conoce, quién los estima, quién llorará mañana su muerte ni notará su falta en el montón, ni será capaz de descubrir su paso por la huella de la tierra?>>

El romanticismo: <<¡Que remotísima estaba cuando me decía estas cosas con altanera voz y palabra torpe, despojando de sus farolillos encarnados con una mano, y no muy firme, la penquita de brezo que sostenía con la otra, los ojos humedecidos y cobardes, sonrosadas las mejillas y un poco agitado el seno! Ella así y yo animándola con la mirada <<enternecida>> y la frase dulzona, representábamos la escena sempiternamente cursi a los ojos de un espectador desapasionado y frío; pero yo, que había sido de éstos hasta entonces, la encontraba hasta sublime, y me producía sentimientos e impresiones que jamás había notado en los profundos de mi corazón>>

 Nosotros no tenemos helado el corazón y entendemos la grandeza de estas palabras escritas para los lectores, desde la prestigiosa y cariñosa pluma del maestro José María de Pereda y Sánchez Purrúa (Polanco 6 de febrero de 1833- Santander 1 de marzo de 1906), novelista español del periodo realista y senador del Partido Carlista. Terminados sus estudios de Humanidades en 1852 se traslada a Madrid para dedicarse a las tertulias en el café <<La Esmeralda>> y participar en las corriente literarias de Madrid, en la Revolución de 1854 <<Vicalvarada>> (un pronunciamiento de militares "progresistas", dirigido por los generales Leopoldo O´Donnell y Domingo Dulce contra el gobierno moderado. Consecuencia del golpe de estado finaliza la década moderada los progresistas se hacen con el poder (1854-1856), lo que se denomina el bienio progresista. El levantamiento ocurrió el 28 de junio de 1854, las tropas de los sublevados se enfrentan a las del gobierno en Vicálvaro (pueblo cercano a Madrid). Con el triunfo revolucionario, Espartero, también liberal progresista, es nombrado Presidente del Consejo de Ministros y O'Donnell ocupa la cartera de Guerra) José María de Pereda es herido de gravedad y en esta época escribe la obra teatral La fortuna de un sombrero. En el año 1855 regresa a Santander y debido a una neurastenia viaja a Andalucía; en el año 1857 aparece en Santander el diario La Abeja Montañesa y comienza la su carrera periodística con el seudónimo de Paredes. Escribe obras de teatro Tanto tienes, tanto vales (1861) Palos en seco (1861) Marchar con el siglo (1863). En el año 1864 aparece su obra notable Escenas montañesas convirtiéndole en una celebridad local y cuatro años más tarde después de su matrimonio con Diodora de la Revilla es designado y elegido senador. Es en la ciudad de Madrid donde mantiene una cordial amistad con escritores de ideologías contrarias a su carlismo de la talla y personalidad como Galdos y Leopoldo Alas, los dos pensadores liberales. Sobre su experiencia política escribe Los hombres de pro (1876) y regresa a Santander volviendo a la literatura estimulado por sus dos amigos Marcelino Menéndez Pelayo y Gumersindo Laverde destacando sus mejores obras Sutileza (1885) y Peñas arriba (1895) y ocupando asiento en la Real Academia Española desde 1972.

 

Una reflexión de este humilde escritor hacia sus lectores: ¡Qué manía tienen los nacionalismos y nacionalistas en buscar figuras de prestigio y relevancia para sus fines! Nunca José María Pereda estimó buscar un idioma cantabro <<por lo demás, el castellano que se habla en esta ciudad por los hombres de alguna ilustración, es, en cuanto cabe, puro de todo acento y vicio provincial, como sucede entre las personas también ilustradas de los pueblos de la misma región; al contrario de lo que se observa en la occidental, y especialmente en la oriental>>

 Un saludo y gracias por vuestra visita: J. J. Danwcer

 

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