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La Oveja Negra. Augusto Monterroso

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Queridos lectores: 

Pocas veces nos queremos enterar de la gran  importancia que tienen los cuentos y de la importancia vital de las personas mayores, los abuelos y abuelas que (no hay coma antes de que) con sus dolores y sus achaques, y muchas, pero muchas rarezas ofrecen sus manos igual que un Noray de hierro donde amarrarse en todas las tempestades del comportamiento; ellos a veces obligados juegan con nosotros, y son, sin lugar a dudas, un mapa distinto de conceptos, pensamientos y mirares; ¡no!; no es una palabra inventada esto de mirares... En mi tierra, en las plazas de Castilla, en los bancos de piedra que están alineados en las plazas porticadas siempre han existido ojos cansados con una mirada rayando el presente y conviviendo con el pasado; ellos, abuelos y abuelas tienen mirares, una visión distinta, ejemplarizadora y más filosófica, una sabiduría recibida a costa de pasar por todos los momentos por los cuales nosotros, si Dios quiere, nosotros pasaremos y por suerte no pasaremos. De aquellos años infantiles y de rapad inquieto recuerdo a los abuelos sentados en los bancos y tomando el sol igual que las iguanas, abuelos que muchas veces no eran mis abuelos, sino abuelos y abuelas en general: vigilantes de todos los chavales de mi pandilla, conocedores de los motes y las dificultades de cada casa, personas cansadas que contaban sus vivencias y sus cuentos igual que las aventuras vividas por espadachines trabajando en una fabrica de ladrillos doce horas al día; y eran las heroinas que defendieron su mandil en su sitio, en un barco de piratas donde las ratas querian trepar siempre por la nevera, y estando ésta tan vacia a últimos días de mes, la pobre rata se desnucaba, y la rata en cuestión no tenía un simple vestido, ni un lacito, ni sabía barrer, ni sabía cantar, y la verdad, viendo el cadaver del animal bigotudo igual que las chicas de los cuatro amigos metidos en un bote, maldita sea la gracia que tenía el gato para casarse con semejante dientes largos. Cuentos, cuentos y más cuentos: Juanito, el hijo de la Guillermina marchose a Alemania y vivía, según la señora Guillerma, como un marqués, tan bien vivía Juanito en su majestuosa factoria de motores que cagando leches regresó a la madre España sin mirar a atras... cuentos, el de las ovejas negras. Nota: aún siguen existiendo muchas ovejas negras... Demasiadas.

La Oveja Negra es un cuento maravilloso para la tolerancia contado de mil maneras diferentes por mi abuela Pilarina; perdón: La Señora Doña Aurora Pérez Centeno, ciudadana de Valladolid, mujer de Castilla, la mejor cuentacuentos que yo he conocido.

La Oveja Negra

Augusto Monterroso.

En un lejano país existió hace muchos años una oveja negra. Fue fusilada. Un siglo después, el rebaño arrepentido le levantó una estatua ecuestre que quedó muy bien en el parque. Así, en lo sucesivo, cada vez que aparecían ovejas negras eran rápidamente pasadas por las armas para que las futuras generaciones de ovejas comunes y corrientes pudieran ejercitarse también en la escultura.

El Autor: Augusto Monterroso

Augusto Monterroso (1921- 7 de febrero de 2003) nació el 21 de diciembre de 1921  en Tegucigalpa, capital de Honduras. Sin embargo, a los 15 años su familia se estableció en Guatemala y desde 1944 fijó su residencia en Mexico, al que se trasladó por motivos políticos. Narrador y ensayista empezó a publicar sus textos a partir de 1959, año en que se publica la primera edición de Obras completas (y otros cuentos), conjunto de incisivas narraciones donde comienzan a notarse los rasgos fundamentales de su narrativa: una prosa concisa, breve, aparentemente sencilla que sin embargo está llena de referencias cultas, así como un magistral manejo de la parodia, la caricatura y el humor negro.

Augusto Monterroso es el autor del micro cuento más corto de la literatura: El Dinosaurio

 Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí...

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Un saludo a Las Ovejas Negras 4x4 y un saludo a los lectores de este blog. 

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