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LA FALSA TOLERANCIA ISLÁMICA

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LA FALSA TOLERANCIA ISLÁMICA

Los nuevos movimientos populistas (marxismo) y las ideas deL NUEVO socialismo (algo que no soy capaz de entender quizá porque soy muy poco torpe) junto a la moda del laicismo nos están engañando presentando al islamismo como la tolerancia histórica... NADA MÁS LEJOS DE LA REALIDAD.

Hoy he repasado la novela La Mano de Fatima y he llegado a esta conclusión:

Amiguitos y amiguitas de tolerancia islámica NADA DE NADA. 

Tras la conquista del Próximo Oriente, el Islam estableció un sistema de control y dominio sobre la población judía y cristiana sometida que no tiene paralelo en la historia. El estatuto de DIMMA o protección surge en circunstancias muy tempranas de la expansión islámica, atribuyéndose su creación al califa Umar (634-644)
El objetivo de la DIMMA no es crear un marco de convivencia entre los fieles de las distintas religiones monoteístas, sino GARANTIZAR el sometimiento de los protegidos. Lo que surge es una sociedad divida entre vencedores y vencidos, sometidos y dominadores. Es el temor a la represión, la explotación económica y la degradación moral que la DIMMA somete a sus “protegidos” el yugo del vencedor sobre el cuello del vencido, consiguiendo el goteo de conversiones al islam de la misma manera que la degradación de la Inquisición obliga a los habitantes de las aljamas y las juderías a convertirse al cristianismo.
Analizando la falsedad mediática de la tolerancia islámica nos encontramos con la alta tributación que imponía al protegido (siempre entre comillas por no decir sometido), pues por el tributo el vencedor mantenía su vida y sus bienes; los jurisconsultos islámicos que acompañan a las reformas omeyas de Abderramán I insisten en la acción de tratar a judíos y cristianos con humillación para favorecer a su pueblo, el musulmán. El protegido debía tratar al musulmán con respeto, levantarse en su presencia, pasar junto al musulmán por el lado impuro (izquierdo), en usos y costumbres a judíos y cristianos les estaba prohíbo el uso de caballos, la ostentación urbana con casas más altas, el uso de ropas iguales a los musulmanes, la imposibilidad de portar armas… Hasta los menores detalles estaban escritos en el código de convivencia impuesto por los ALFAQUIES de la escuela MALIKI promovida por los Omeyas.
Los cristianos y judíos no podían tener musulmanes a su servicio, los protegidos estaban por debajo de las distintas posiciones sociales de los musulmanes, una norma que luego practicaron los hidalgos españoles que diferenciaban entre cristianos viejos y cristianos nuevos, llacayos, criados, pajes e hidalgos; siendo mal visto el hecho o costumbre de ver trabajar a un hidalgo (persona con abolengo, muerto de hambre, flaco y con los ropajes zurcidos… pero cristiano viejo…). Por motivos de desconfianza se desaconsejaba que los mozárabes ocuparan cargos públicos o de administración, situación que no fue igual en el territorio cristiano dónde por escaso dominio administrativo y escasa alfabetización, las distintas dinastías y reinos cristianos  recurrieron al uso de contables, médicos y administrativos judíos y en menor medida musulmanes. En el aspecto del culto estaba prohibida la construcción de nuevos templos; no se podían exhibir cruces en fachadas o tejados, estaba prohibida cualquier forma de predicación, enseñanza o evangelización.
Por todos estos motivos la DIMMA es presentada como un estatuto de privilegios para con los protegidos, las comunidades vencidas de judíos y cristianos, a los que no se exterminaba, pero se esclavizaba y obligaba a islamizar o ser tratados como rebeldes y sediciosos cuya pena era la perdida de la vida.

LA NOVELA LA MANO DE FÁTIMA 

La obra tiene por desgracia un ambiente actual Y muchas de las imágenes que se plasman en sus páginas se repiten en la prensa: la existencia de tribunales musulmanes paralelos al poder civil (caso en Cataluña, España), juicios de honor, degollamientos de hijas casadas con cristianos (recientemente en Italia), asesinato de espías cristianos, ejecuciones mediáticas de soldados y periodistas por el mal llamado ESTADO ISLAMICO (ISIS), provocaciones entre religiones y aconfesionalismos (invasión de musulmanes de la mezquita de Córdoba, invasión de militantes de Podemos en la capilla católica de Universidad Complutense de Madrid), aplicación extrema de la sharía (en gran parte del mundo musulmán se producen ablaciones de clítoris), guerra santa con gran violencia, persecución, genocidio y exterminación masiva (conflictos de Irak, Afganistán, Siria… ), terrorismo islamista en todos los países, enfrentamientos entre populistas y católicos en España; ruptura de los pactos entre administraciones pro-marxistas (Partido Podemos) y Educación concertada en España… Por lo tanto la narración que hace Ildefonso Falcones, la cruel y dolosa escena, el sadismo de la guerra de las Alpujarras y la expulsión de judíos y musulmanes nos recuerda que después de 500 años no ha variado mucho y las noticias de los telediarios reproducen muchas de las descripciones de esta novela.
Pero por fin el Estado y la Religión están separados en la norma legal española que es la Constitución. Después de 500 años y una vergonzosa dictadura, después de la expulsión de los moriscos, después de una fratricida guerra civil (1936-1939) nuestra sociedad ha recuperado un porcentaje importante de población musulmana, hemos reconocido el derecho de nacionalidad a los sefardíes españoles, hemos cerrado nuestras heridas y nuestros errores contra las aljamas, hemos abrazado a la libertad de culto (aunque algunos no quieran entenderlo) y por supuesto: no estamos dispuestos a que las armas sean cargadas en nombre de la Religión. Nuestros pueblos y ciudades conviven, de nuevo, con musulmanes, judíos, cristianos, homosexuales, ateos, agnósticos, aconfesionales o cualquier otra religión que respeto los derechos y libertades de los demás. Algo hay de diferente antes y ahora, en la sociedad occidental, el poder ya no está unido a la religión. Los comportamientos, los hábitos, las formas de la sociedad occidental, de la España actual poco tienen que ver con la lectura de la obra. Los objetivos de nuestra sociedad no son instaurar una ley religiosa, si no, según tendencias políticas, todo lo contrario…. Quizá más manipuladoras y falsas que las intenciones religiosas.

Un saludo y mucha suerte... 

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